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Congreso Iberoamericano de Cultura: "Un origen común para los desafíos futuros"
jorge_cosciaPor Jorge Edmundo Coscia

El secretario de Cultura, Jorge Coscia, opina sobre la importancia que tiene la reunión del bloque iberoamericano que se inauguró en Mar del Plata.

En nuestro continente, cinco siglos de historia han determinado una magnífica unidad cultural. Una que conforma no una identidad por erigir, sino una ya existente: la identidad iberoamericana.

Cierto es que nuestra unidad reside tanto en la herencia de la conquista española como en la de los pueblos originarios. De ese choque entre los pueblos de la península y la sangre milenaria de los americanos surge esta argamasa de identidad común que nos aúna en casi todo. Y el origen común que nos hermana, nadie lo dude, es una ventaja estratégica ante los desafíos del nuevo siglo.

El lema del IV Congreso "Iberoamericano de Cultura es ‘Cultura, Política y Participación Popular". Lo que este encuentro en Mar del Plata busca es instalar la reflexión acerca de la centralidad de la cultura en el marco de las políticas de Estado, a partir de la idea de participación. Con el fin de fortalecer la gobernabilidad democrática, consolidando la diversidad y el respeto por las diferencias, para encarar los desafíos pendientes de la inclusión social.

Para eso, hay que trabajar en políticas que apunten hacia un cambio en la hegemonía cultural, que es tanto o más importante que la económica. Y esta transformación debe realizarse desde abajo hacia arriba. La participación en el diseño y la implementaciónde las políticas es el modo más genuino, transparente y democrático que tiene el Estado para llegar a quienes son los verdaderos ejecutores de los proyectos culturales: los artistas, los intelectuales, las organizaciones sociales y, a fin de cuentas, el pueblo todo.

La comunicación fluida entre la política y la cultura afianza la construcción de un proyecto conjunto que dé cuenta de la unidad iberoamericana, de su profunda variedad y riqueza, y que ponga de manifiesto su aporte a la integración social, al desarrollo, al combate contra la exclusión y la resolución de las asimetrías que todavía nos distancian.

Los más grandes cambios culturales se dan cuando se hacen efectivas las políticas de inclusión, cuando los hombres pueden acceder a una vida mejor, a una vivienda, a vacaciones pagas. Allí aparece un cambio concreto, que se traduce luego en una integración sociocultural más plena.

La cultura, para nosotros, es la principal herramienta de cara a una verdadera integración iberoamericana. La decisión que nos impulsa es la de torcer la balcanización sembrada en los últimos doscientos años entre nuestras naciones y estrechar los lazos que sustentan cinco siglos de historia en común.

Con ese horizonte en mente, hemos trabajado para hacer del IV Congreso Iberoamericano de Cultura un éxito internacional que quedará en la memoria de todos.